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El problema

A la energía limpia le falta capital, y la escasez es peor exactamente donde la solar funciona mejor.

Las economías en desarrollo necesitan más de $1.7 billones de dólares al año en inversión relacionada con clima; llegan menos de $0.7 billones. El capital que sí fluye se concentra en los mercados desarrollados, mientras las economías emergentes, hogar de dos tercios de la población mundial y de buena parte del mejor recurso solar del planeta, reciben cerca del 15% del financiamiento climático. El sol está en un lugar y el dinero en otro.

El medio faltante

De cerca, la brecha tiene una forma clara. Los proyectos muy grandes (granjas de escala industrial, de cientos de millones) pueden pagar los banqueros, los abogados y el largo proceso de estructuración que exige el project finance tradicional. Los muy pequeños (un techo aquí, un techo allá) caben en el crédito de consumo. La franja del medio queda descubierta.

Las plantas solares de escala media, entre $500 mil y $2 millones cada una, son la unidad natural de la generación distribuida. Se construyen cerca de los consumidores a los que sirven, se conectan rápido y en muchos mercados venden la energía bajo contratos de largo plazo o tarifas reguladas. Como negocios son aburridas en el mejor sentido: producción predecible, ingresos contratados, décadas de vida útil.

Y aun así se quedan sin financiación, porque la maquinaria del project finance nunca se construyó para su tamaño. Los costos de transacción y asesoría no se encogen con el ticket, la estructuración toma meses que un desarrollador pequeño no puede cargar, y los prestamistas quieren portafolios agrupados que los desarrolladores locales no tienen cómo armar. El resultado es una clase de activos productivos, generadores de caja, a los que el capital global no tiene con qué llegar.

Capital sin vehículo

El otro lado de la brecha es igual de real. Hay una demanda amplia y creciente por inversiones que paguen un retorno sostenible y signifiquen algo, desde ahorradores de a pie hasta instituciones con mandatos climáticos. Lo que a esa demanda le falta es un vehículo: algo líquido, accesible desde cualquier lugar, transparente sobre lo que lo respalda, que canalice dinero hacia esa franja desatendida de la transición energética.

Construir ese vehículo es lo que describe el resto de esta documentación. La versión corta sigue, en Qué construye Suno.

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